La temporada de cacería en el Valle de Mexicali ha dado inicio, según confirmó la Secretaría de Turismo de Baja California. Esta apertura oficial ha comenzado a atraer a cientos de turistas especializados que cruzan la frontera desde Estados Unidos para participar en la captura regulada de especies como faisán, paloma huilota, pato y codorniz.

Para regular esta actividad, los cazadores deben registrar sus armas en la aduana fronteriza, una medida que aunque necesaria, parece ser el único control visible en una práctica que, año tras año, convierte al Valle en escenario para una especie de evento cinegético que mueve importantes sumas de dinero.

La derrama económica generada beneficia principalmente a prestadores de servicios locales, entre ellos hoteles, restaurantes y guías especializados, que preparan menús especiales y paquetes que se ajustan al paladar y necesidades de estos visitantes. Actualmente, la ocupación hotelera mantiene un sostenido 45%, con la expectativa de aumentar conforme bajan las temperaturas en la región, momento en que la cacería se vuelve más atractiva.

Este fenómeno turístico cinegético plantea un contraste interesante: mientras se promueve el desarrollo económico y la afluencia de turistas, la dimensión ética y ambiental de la práctica queda relegada a un segundo plano, sin un debate público evidente sobre el equilibrio entre conservación y explotación. Por ahora, el Valle de Mexicali se prepara para ser nuevamente el epicentro de una temporada que, a fin de cuentas, alimenta tanto carteras como controversias.