Un análisis reciente sobre el gasto público en seguridad en el estado de Chihuahua puso al descubierto una disparidad que raya en lo absurdo. Ciudad Juárez decidió invertir 213 millones de pesos para la compra definitiva de 170 patrullas, las cuales serán patrimonio municipal y estarán disponibles a largo plazo para la corporación policial. En contraste, la capital del estado optó por un contrato de renta de 300 patrullas, cuya costosa suma supera los mil 56 millones de pesos.
Este contrato de arrendamiento obliga a la ciudad a devolver los vehículos una vez concluido el período establecido, lo que significa que, después de desembolsar una millonaria cantidad de recursos, no conservará ni una sola unidad. Una decisión que ha generado críticas severas, sobre todo al constatar que mientras Juárez promueve la consolidación y ampliación de su parque vehicular policial, la capital parece apostar por una política de seguridad temporal y, a decir verdad, económica solo en apariencia.
La ironía financiera no se limita a las cifras, sino a la filosofía detrás de cada estrategia: una ciudad que prefiere la inversión para fortalecer su infraestructura, la otra que prefiere pagar por un servicio que, de no cambiar, solo beneficia a las empresas arrendadoras. Así, mientras Juárez avanza en consolidar su patrimonio municipal, la capital se acomoda con una renta millonaria que, en última instancia, se pierde sin dejar activos tangibles.
Este contrato de arrendamiento obliga a la ciudad a devolver los vehículos una vez concluido el período establecido, lo que significa que, después de desembolsar una millonaria cantidad de recursos, no conservará ni una sola unidad. Una decisión que ha generado críticas severas, sobre todo al constatar que mientras Juárez promueve la consolidación y ampliación de su parque vehicular policial, la capital parece apostar por una política de seguridad temporal y, a decir verdad, económica solo en apariencia.
La ironía financiera no se limita a las cifras, sino a la filosofía detrás de cada estrategia: una ciudad que prefiere la inversión para fortalecer su infraestructura, la otra que prefiere pagar por un servicio que, de no cambiar, solo beneficia a las empresas arrendadoras. Así, mientras Juárez avanza en consolidar su patrimonio municipal, la capital se acomoda con una renta millonaria que, en última instancia, se pierde sin dejar activos tangibles.

